sábado, 3 de agosto de 2013

Villa Epecuen...o lo que el agua nos dejo...

15/07/2013 VILLA EPECUEN es mi destino de hoy. Despertamos temprano y fuimos a comprar provisiones para tener en la cabaña. Al regreso como aun era temprano para almorzar y soy demasiado inquieta para esperar tranquilita a que se haga la hora del almuerzo, opte por ir caminando hasta VILLA EPECUEN. Sabia, que desde la cabaña, hay dos caminos, uno de 7 km y otro de 12 km. Opte por el mas corto, sin mas referencia que a lo lejos unos arboles secos. El camino es de tierra en buen estado y se hace con facilidad. Solo al principio hay algunas casas y luego pasando una arcada, se llega a la laguna.
En el acceso esta el Cristo, que en un tiempo estuvo cubierto hasta la mitad por la laguna. y la laguna misma. Tiene, bajo el sol, un color azul intenso y unas ondas suaves que apenas turban el espejo. Hay, un poco mas lejos, algunos flamencos levemente rosados y tocones blaquecinos de arboles.
Hay un balneario en sus orillas, ahora desierto. Del lado opuesto del camino, restos de agua estancada, que dejo la laguna al retirarse. Su aroma impregna el aire y los patos la hacen suya. El camino de tierra, se transforma en asfalto y llama la atención el buen estado de conservación. Aparecen, a los lados del camino, hileras de arboles, blancos y sin follaje. Se adivina a lo lejos, la silueta del matadero. Construcción realizada por el Arq. F.Salamone. Tiene el estilo que lo caracteriza, y cuesta creer que aun se mantenga en pie. Tiene el encanto de las propiedades ruinosas, pero es una pena que no le den la importancia historica que tiene.
Pensando en la caminata del regreso y en el hambre que ya estaba agazapada, decidi volver. Almorzamos en un restaurant llamado "Sciacca", cerca de la plaza. Ravioles de ricota (2), uno con salsa bolognesa y otro con fileto y un bife a la piedra con papas fritas, tres bebidas y dos cafes, gastamos $.270. La atención es buena aunque algo lenta, y la comida era buena. No mas. No menos. Por la tarde fuimos a Villa Epecuen por el camino largo. La diferencia que hay entre estos dos caminos, el largo y el corto, es que en el primero se pasa por la antigua estación de tren. Hay en ella un museo con algunas cosas de la epoca y algunas otras rescatadas de la villa. Tambien hay fotos de la epoca. Se cobra una entrada de $.10 por persona, pero no siempre hay quien la cobre,de todas formas el Museo estaba abierto y se recorre en 10 minutos. En las vias abandonas, corren las ovejas dueñas del campo. Trate de agarrar una, pero fue imposible. o corren muy rapido o yo estoy totalmente fuera de estado.
Siguiendo el camino, se llega a la Villa Epecuen, hay una gran avenida, flanqueada por los restos de edificios destruidos,es extraño ver las paredes caidas y solo algunos dinteles en pie o como los bancos y maceteros de cemento se conservan intactos. Caminando tranquilo y observando con cuidado se pueden encontrar restos interesante, camas, cocinas,lavatorios, cacerolas marrones por el oxido y carcomidas por años de salitre;un horno de barro semienterrado en el limo y botellas de vidrio con la pintura borrada, pero por la forma facilmente identificable como Teem. El silencio, los edificios blanqueados, los arboles secos, los pájaros que se posan en las ruinas otorgan al lugar un aire de irrealidad que no encontre en otros lugares. Sin conocer la historia, pensarias que sus habitantes murieron y la ciudad fue destruida. Por suerte no fue así. Al regreso, pasamos por el cementerio, tambien estuvo durante años sumergido bajo las aguas, pero ahora la laguna bajo lo suficiente para dejar las tumbas al descubierto. Los cristos y las cruces están carcomidos por la sal. Los muertos vuelven a tener flores.
Por la noche cenamos en el Hotel Epecuen, Filet de merluza con pure mixto, ravioles de verdura con fileto, lenguado con ensalada, 3 bebidas, dos cafes y un bombon suizo, gastamos $.290. El servicio fue lento, la decoración buena, y la comida mediocre.